El sueldo mínimo que afecta los sueños provincianos
El Gobierno propuso un suelo mínimo de $210 mil, siendo ya aprobado por la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados y el Senado. El Ejecutivo tenía como objetivo aumentar en un 8,8% el ingreso básico.
Un
sol que abriga casi todo el año, acompañado de un playa que se iguala con las
costas de Miami, y una zona franca donde se puede consumir y adquirir elementos
a un costo increíble, son las vacaciones que están prefiriendo los
santiaguinos, para olvidar los tacos, atochamientos y la densa neblina de smog,
sin embargo, no todos pueden hacerlo.
Liliana
Martínez, ejecutiva de telemarketing, prefiere la tierra de campeones porque es
la zona que cumple con los requerimientos de un trabajador que ya cumplió con
su año laboral, pero se sorprende al conocer a varios iquiqueños que no pueden
vacacionar o conocer Chile, por los ingresos económicos que tienen sus
familias.
El
sueldo mínimo en nuestro país ha evolucionado de manera lenta para algunos, y
rápida para otros. Desde los inicios del gobierno de Patricio Aylwin, cuando el
pago mínimo de los trabajadores era de $18.000, hasta el mandato del Presidente
Sebastián Piñera, donde el ingreso económico más bajo que debe recibir un
trabajador es de $193.000, el pago ha aumentado en $175.000, sin embargo, aún
sigue siendo insuficiente para varias familias.
“Es
penoso ver a jóvenes que quieren vivir en Santiago para buscar nuevas
oportunidades, estudiando la carrera que quieren, y que no pueden hacerlo
porque no recibirían grandes sueldos para costear los gastos básicos”, señala
una ofuscada ejecutiva de telemarketing, que frunce su frente y aprieta sus
manos al saber la cruda realidad de los jóvenes de provincia.
Las
personas que desean vivir en una zona, con una alta competitividad laboral,
deben tener un ingreso mínimo de 500 mil pesos, éstos divididos en arriendo
(200 mil), locomoción (50 mil), casas comerciales (100 mil), alimentación (70
mil), recreación (40 mil) y compra de pasajes para ir a su tierra de vez en
cuando (40 mil), sin contar la mensualidad universitaria que bordea los 200 mil
en promedio.
Con
un tono que sale de lo común, Martínez opta por ponerse anteojos oscuros en un
día que promete ser caluroso. “Subir el sueldo mínimo a $250.000 es algo que
todos esperamos… algo que amortigüe para cumplir los sueños, porque esto no
sólo afecta a los jóvenes sino que también a las familias que sólo trabajan
para vivir”, expresa una afectada ejecutiva.
“Perdón”,
dice Liliana al verse afectada por conocer la realidad de las personas que viven
en el extremo del país. Enciende un cigarro y fuma, refregándose los ojos sin
quitarse los lentes. “Creo que lo que aún esperamos, es más igualdad. Santiago
no es Chile”, dice conmovida al hablar de sus nuevos amigos.
El
Gobierno propone un sueldo de $210 mil, propuesta que ya fue aprobada por la
Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados y a la Sala, quienes
revisaron el proyecto el pasado lunes.
Algunos
plantean subir el sueldo mínimo poco a poco, porque podría afectar la
empleabilidad si se aumenta bruscamente. Otros señalan que se debe tener la
dignidad para vivir la vida y no trabajar para vivir, pidiendo un sueldo que
acompañe la realidad de las familias.
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