viernes, 9 de agosto de 2013

La ruta del recolector de basura

Tres días de paralización laboral tuvieron los trabajadores recolectores de basura, exigiendo mejoras salariales y óptimos tratos en sus instituciones, dejando más de 30 mil toneladas de basura sin recoger en la Región Metropolitana, hasta el acuerdo que se llegó con las empresas contratistas, municipios y gobierno.

Son las 05:00 de la mañana, aún no aparece el sol, y el vapor que expulsa Andrés Figueroa, promete una mañana fría, que ya es costumbre para los recolectores de basuras.

Con un overol azul y delgadas líneas fluorescentes en sus brazos, viste un agotado pero no derrotado Andrés, que a sus 20 años de recolector y 54 años de edad, dice que ésta es una de las labores más sacrificadas y mal pagadas del país.

“Nuestra jornada es de 12 ó 14 horas. Llegamos a las 5:10 de la mañana, nos ponemos los guantes y nos vamos colgando. Subiendo y corriendo, subiendo y corriendo”, dice frunciendo su frente y parte de su calvicie, mostrando cierta desesperación al trabajar tantas horas.

En Chile hay más de 36.000 trabajadores que se desempeñan en la recolección de basura, que para muchos, es una fuerte arma de doble filo, porque puede que sea su fuente laboral pero también en un posible riesgo de contraer graves enfermedades.

Su primer recorrido llega hasta medio día - la “primera patita” como le dicen ellos – porque se detienen en el primer parque que encuentren y levantan una mesa improvisada. Una caja y tres piedras, forman el “living” de su trabajo para almorzar un sándwich. Se toman a hora de colación y siguen su rutina de tarde.

“La calle te enseña mucho”, dice un alegre Andrés al ver a los vecinos que le entregan una bebida, un pan o propina por limpiar. “La gente se da cuenta del sacrificio que hacemos. No es cualquier trabajo. Igual nos sentimos valorados por la gente”, expresa con una emoción que no se alcanza a mostrarse en su totalidad, por una cortante frase: “sigamos, mejor”.

Su labor es de domingo a domingo. No tienen día de descanso, aunque se los podrían tomar, pero el sueldo sería mucho menos. “Acá no superamos los $280 mil. El no trabajar un día es darse un lujo, y eso no podemos hacer”, dice el padre de familia donde su esposa cumple la misma labor que él.

El recién asumido ministro del Trabajo y Previsión Social, Juan Carlos Jobet, señaló que “pondremos todos los esfuerzos y equipos técnicos para que los trabajadores tengan las condiciones laborales que merecen”, asumiendo una crisis en el sector.

Son las 20:00 hrs., se termina una jornada laboral y se reúne con su familia para tomar once. “Jack”, su perro, lo recibe con ladridos y saltos, que muestran la alegría por su llegada. Se sienta a la mesa, junto a su esposa e hija. Dan gracias por el alimento, y cada uno se va a dormir.

Suena el despertador e indica que “son las 05:00 de la mañana…”. 

jueves, 8 de agosto de 2013

El sueldo mínimo que afecta los sueños provincianos

El Gobierno propuso un suelo mínimo de $210 mil, siendo ya aprobado por la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados y el Senado. El Ejecutivo tenía como objetivo aumentar en un 8,8% el ingreso básico.

Un sol que abriga casi todo el año, acompañado de un playa que se iguala con las costas de Miami, y una zona franca donde se puede consumir y adquirir elementos a un costo increíble, son las vacaciones que están prefiriendo los santiaguinos, para olvidar los tacos, atochamientos y la densa neblina de smog, sin embargo, no todos pueden hacerlo.

Liliana Martínez, ejecutiva de telemarketing, prefiere la tierra de campeones porque es la zona que cumple con los requerimientos de un trabajador que ya cumplió con su año laboral, pero se sorprende al conocer a varios iquiqueños que no pueden vacacionar o conocer Chile, por los ingresos económicos que tienen sus familias.

El sueldo mínimo en nuestro país ha evolucionado de manera lenta para algunos, y rápida para otros. Desde los inicios del gobierno de Patricio Aylwin, cuando el pago mínimo de los trabajadores era de $18.000, hasta el mandato del Presidente Sebastián Piñera, donde el ingreso económico más bajo que debe recibir un trabajador es de $193.000, el pago ha aumentado en $175.000, sin embargo, aún sigue siendo insuficiente para varias familias.

“Es penoso ver a jóvenes que quieren vivir en Santiago para buscar nuevas oportunidades, estudiando la carrera que quieren, y que no pueden hacerlo porque no recibirían grandes sueldos para costear los gastos básicos”, señala una ofuscada ejecutiva de telemarketing, que frunce su frente y aprieta sus manos al saber la cruda realidad de los jóvenes de provincia.

Las personas que desean vivir en una zona, con una alta competitividad laboral, deben tener un ingreso mínimo de 500 mil pesos, éstos divididos en arriendo (200 mil), locomoción (50 mil), casas comerciales (100 mil), alimentación (70 mil), recreación (40 mil) y compra de pasajes para ir a su tierra de vez en cuando (40 mil), sin contar la mensualidad universitaria que bordea los 200 mil en promedio.

Con un tono que sale de lo común, Martínez opta por ponerse anteojos oscuros en un día que promete ser caluroso. “Subir el sueldo mínimo a $250.000 es algo que todos esperamos… algo que amortigüe para cumplir los sueños, porque esto no sólo afecta a los jóvenes sino que también a las familias que sólo trabajan para vivir”, expresa una afectada ejecutiva.

“Perdón”, dice Liliana al verse afectada  por  conocer la realidad de las personas que viven en el extremo del país. Enciende un cigarro y fuma, refregándose los ojos sin quitarse los lentes. “Creo que lo que aún esperamos, es más igualdad. Santiago no es Chile”, dice conmovida al hablar de sus nuevos amigos.

El Gobierno propone un sueldo de $210 mil, propuesta que ya fue aprobada por la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados y a la Sala, quienes revisaron el proyecto el pasado lunes.

Algunos plantean subir el sueldo mínimo poco a poco, porque podría afectar la empleabilidad si se aumenta bruscamente. Otros señalan que se debe tener la dignidad para vivir la vida y no trabajar para vivir, pidiendo un sueldo que acompañe la realidad de las familias.